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Sábado, 07 Septiembre 2013 06:01

El Sur de Cantabria en Redes Sociales

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Y te describen su seducción así; “Sur al sol. Sur en la frontera de lo campurriano compartido.

La arenisca moldeada por la luz de 4 estaciones como 4 verdades de firme contorno.

Tres cursos en forma de nervio en hoja, se nombran Ebro, Besaya y Camesa. Los tres se conocen y se separan en Campoo, y dejan el vínculo inverso de tres aromas a salitre: Los Tres Mares del símbolo en exclusiva.

El Ebro balbucea con las aguas del paraíso Hijárico, se mece la cuna de Iberia en el Sur de Cantabria.

Lo demás viene seguido: mucha gente dando forma a menhires, trincheras, calzadas, eremitorios, torres, palacios, templos, vías y chimeneas.

Algún roble, algún haya, unos abedules, varias sombras en sueño”. 

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Finales del s.XIX y albores del s.XX; el chucu-chucu pí pííí del tren exhalaba un penacho de vapor a su salida de las cuencas mineras leonesas (La Robla), engordaría el convoy de carbón en las palentinas para atravesando tierras cántabras y burgalesas alimentar los insaciables hornos de la industria vizcaína (Bilbao). El Ferrocarril de la Robla (León), más de 300 km de vía estrecha que propiciaron todo un elenco de oficios y empleos. El viaje era largo y la climatología dura, para reponer fuerzas en ruta los trabajadores del “Hullero” idearon un ingenioso artilugio que se conectaba al vapor de la locomotora y guisaba la comida: Las Ollas Ferroviarias o Pucheras iban al ritmo del sinuoso trazado, cocinando lo que hubiese por las comarcas que atravesaba, ya fuesen legumbres, hortalizas y con suerte algo de carne. Maquinistas, fogoneros, guardafrenos, habitantes todos del camino de hierro popularizaron, por necesidad, estas cocinas de campaña, que fueron perfeccionando. De los talleres de servicio al tren, salieron las trébedes acorazadas, cuerpo de chapa e interior de puchero cerámico, por los bajos se atizaba ya con carbón y, lo que abundaba, el tiempo, se convertía en aliado para una cocción paciente que aseguraba un resultado exitoso.
Las localidades de tránsito se disputan la paternidad del invento; Cistierna, Guardo, Mataporquera, Balmaseda, que se extendió por todo el recorrido, siendo incluso adoptado por el personal de las estaciones.
Actualmente, se han convertido en arte gastronómico popular, en motivo de orgullo y reivindicación de otros tiempos por muchos aficionados, que a título individual o en cuadrilla, acuden y celebran eventos culinarios por las tradicionales poblaciones vinculadas a este ferrocarril. Los artesanos hoy en día, se gustan, con el empleo en sus ollas de materiales más caros (como el acero inoxidable), remaches bruñidos y otras decoraciones para destacar sus creaciones. Las propias Ollas, Pucheras o Putxeras, son en sí mismas las protagonistas de las fiestas, las recetas se guardan con celo y la variedad de ingredientes proporcionan una gama extensa de variaciones del plato ferroviario.
Recomendamos degustarlo en los certámenes que se celebran por el Norte de León, Palencia o Burgos, en las Encartaciones Vascas o por el Sur de Cantabria (Mataporquera, Reinosa, Carabeos). Los Restaurantes de éstos territorios, frecuentemente lo han incorporado a sus cartas y menús, una buena opción. Nos encanta en particular la Olla Ferroviaria a base de patatas de Valderredible y potro campurriano, pero prueben, prueben.
En Mataporquera tienen para ambientarse y aprender, un Museo de Asociación de Amigos del Ferrocarril.
Además de éste gran recurso turístico-Gastronómico, el propio Ferrocarril de la Robla, tras avatares, se ha recuperado como uno de los trenes turísticos emblemáticos, lo oferta FEVE como "El Expreso de la Robla". Si combinan y convitan ambos recursos la experiencia será auténtica y memorable.
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