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Miércoles, 09 Febrero 2011 06:42

Museo Etnográfico de Cantabria

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Casa Hidalga sede del Museo Etnográfico Casa Hidalga sede del Museo Etnográfico Aurora:Laura G.Velasco/Wikimedia Commons

La creación del museo Etnográfico de Cantabria en Muriedas (Camargo), está ligada a la restauración de la casa familiar hidalga del héroe de la Guerra de la Independencia Pedro Velarde y Santillán, protagonista junto al también capitán Luis Daoiz del levantamiento que tuvo lugar el 2 de mayo de 1808 en Madrid contra las tropas napoleónicas y costó la vida a ambos militares

Las dependencias principales del museo se encuentran ubicadas en una casa de planta cuadrangular y tejado a cuatro aguas con el muro de la planta noble de la fachada principal de ladrillo (material éste muy utilizado en el valle de Camargo debido a la presencia de hornos de teja y ladrillo en Guarnizo) colocado a canto en horizontal y dispuesto en una retícula ortogonal de madera y los hastiales de mampostería y sillería en los vanos y esquinas. En una de las fachadas laterales se abre un balcón de hierro y junto a él el escudo de armas de los Puente. Se accede a la finca en la cual se halla a través de una portalada del siglo XVIII en cuyo friso se encuentra un escudo muy deteriorado en el cual se podían ver las armas de Velarde.

El arquitecto cántabro Ángel Hernández Morales restauró el edificio inspirándose en las edificaciones de Santillana del Mar.

La finca y la vivienda fueron declarados Monumento Histórico Artístico por Real Decreto 912/82, de 12 de noviembre de 1982, y en 1985 Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico.

Los fondos del Museo de Etnografía están compuestos por piezas relacionadas con los modos tradicionales de vida en la Cantabria rural, (excluyéndose los aspectos de etnografía pesquera que son materia de trabajo del Museo Marítimo), clasificadas en aperos agrícolas, herramientas para la transformación de la madera, útiles de cocina, ajuar doméstico, de uso ganadero, útiles de caza, herramientas para la transformación del hierro, formas de iluminación, instrumentos musicales, utensilios para la producción doméstica textil, medios y accesios de transporte, de uso litúrgico, mobiliario popular, sistemas para pesar y medidas de capacidad, utensilios para la transformación de la piedra, indumentaria, calzado y adorno personal y otros objetos.

Por otra parte, es notable el importante archivo de fotografías procedentes de diversas colecciones creado por el museo y compuesto por más de 2.500 imágenes.

La visita comienza por el Jardín en dónde se han instalado un hórreo procedente de la localidad lebaniega de Pido (Camaleño) y un humilladero de Hoz de Santa Lucía (Mazcuerras) que resguarda un calvario del XVIII de Viérnoles. El parque acoge dos socarreñas acristaladas. Una de ellas está destinada a albergar montajes expositivos temporales, mientras que en la otra se exhiben una serie de objetos relacionados con Los inicios de la mecanización agrícola: un arado patatero, una salladora, una sembradora, una picadora y una desgranadora.

A continuación se accede a la casa en cuyo Soportal (I) se ha colocado un carro chillón. En la Sala II se explican los oficios tradicionales de transformación de la madera, materia prima en la fabricación de la mayor parte de los utensilios de uso diario en la Cantabria tradicional. En esta estancia se muestran entre otras cosas el juego completo de herramientas empleadas en la fabricación de (hachas, azuelas, barrenos, legras, resorias y cuchillos).

Sala III, está dedicada a la cocina y su ajuar. Aquí se han instalado, traídos de Carriazo, un fogón (con sus trébedes y morillos, junto a las tenazas para las brasas o el fuelle para avivarlas) y la campana, bajo la cual pende el llar para colgar la caldera. Acompañan estos elementos: escudillas, cucharas y cucharones, pucheros, cazuelas y sartenes, maseras utilizadas para amasar la torta de maíz (borona), así como la serie de paletas, parrillas y planchas utilizadas en su elaboración. Junto al hogar se han repartido varios tajos y acomodado un escaño traído de Cabezón de Liébana y al otro lado se ha instalado una mesa perezosa. En una mesa se ha colocado la colección Santamatilde de saleros de tapa giratoria y en un vasar procedente de Bustillo del Monte una serie de cerámicas y lozas traidos de otras provincias españolas. Otros de los aspectos recordados en la sala es el sistema tradicional de iluminación, el planchado o la elaboración del orujo en la comarca de Liébana.

En el Estragal (IV) se ha colocado distintos modelos de ruedas para el carro chillón, desde los más antiguos, sin llanta y de forma elíptica, hasta los más modernos, circulares y protegidos por una llanta metálica. Del extremo de las escaleras pende una basna procedente de Tudanca y, junto a ella, tres cuévanos que cierran la muestra en torno al transporte.

En la Sala V se han reunido una serie de instrumentos utilizados en la elaboración del queso como la tabla de amasar, la artesa para recoger el suero o la quesera y la mantequilla con diferentes modelos de mantequera con batidor de madera, de pistón, de molinillo... Así mismo se exhiben una serie de útiles empleados en la matanza del chon (el gancho para sacar al animal, distintos cuchillos, una masera, el palo para remover la sangre, el cucharón para sacar las morcillas de la caldera o el banco y la picadora). Otro grupo de utensilios mostrados en la sala está relacionado con la elaboración del pan (artesa o masera, los cedazos o el escriño en el que se almacenaba el salvado). También se exponen aquí el dujo (la colmena tradicional de Cantabria) y la prensa para separar la cera de la miel, así como diversos patrones de medidas de áridos (la fanega, el cuarto, la hemina) y líquidos (cántaras) y una veintena de campanos.

La visita continúa en la primera planta. En los Espacios VI y VII, centrados en la actividad tradicional de la caza (trampas de conejo, lobo, topo... así como un antigua pica de Cabuérniga empleada para la montería del jabalí) y la industria tradicional de hierro (el fuelle de una fragua así como multitud de herramientas utilizadas por el herrero como tenazas o claveras y materiales producidos en las forjas como herraduras, clavos, llaves, marcas de ganado...).

La Sala VIII se ha dedicado al utillaje agrícola. Aquí se exhiben, alrededor de un carro chillón, los distintos aperos destinados a remover la tierra como las primitivas layas y los arados, incluidos el de vertedera reversible y el braván, acompañados por el rastro que se pasaba después de arar. También se enseñan utensilios de laboreo del trigo como la hoz y la zoqueta para la siega, la garia y el bieldo o el trillo. En esta estancia se muestran el dalle (guadaña) empleada para segar la hierba, junto a los elementos que servían para mantenelo afilado y a punto (el martillo, el pequeño yunque y la colodra para llevar la pizarra). En esta sala también se muestran algunos de los diferentes yugos empleados en la región: yugos de arar, el yugo vizcaino, las yuguetas, así como las melenas y otros objetos empleados para uncir a los animales de tiro (vacas o bueyes).

En la Sala IX se aborda la producción doméstica textil a partir del lino y la lana, a través de una selección de piezas que incluyen un tranquillero para majar lino y cáñamo, cardas, ruecas, husos, argadillos, un carro de hilar de Loma Somera y varios tornos. Completa la sala una selección de instrumentos musicales populares como el rabel, las panderetas, el tambor, los triscos o la chifla así como el mazuco o la matraca que se hacían sonar en Semana Santa.

En la Sala X se rinde homenaje y se recuerda al capitán Pedro Velarde. Con este propósito se han reunido, entre otros elementos, una cama de estilo directorio, la ejecutoria de nobleza de la familia Velarde sellada en Flandes en 1652, la reproducción del traje de gala del militar así como un sillón blasonado traído de Boo de Piélagos en cuyo respaldo aparecen los escudos de Velarde y Ceballos.

Concluye el recorrido en la Sala XI en la cual se han agrupado numerosas piezas de mobiliario de Cantabria entre las que destacan tres bargueños barrocos, diversos arcones tallados, sillas y escaños, dos escritorios, objetos religiosos como la puerta de un sagrario pintada con la imagen de San Agustín, tallas populares o un tenebrario. De las paredes de la estancia penden La vuelta de la compra de Federico Salces (1895-1960), Retrato de un hombre de Ricardo Bernardo (1897-1940) y un retrato de Demetrio Duque y Merino de Casimiro Sainz y Sáiz (1853-1898).

(Fuente):Pablo Cabezón Gimón para El Diario Montañés.

(+)info:http://www.museosdecantabria.com/etno/presentacion.htm

Vídeo hilado tradicional cántabro:http://www.tourcantabria.com/index.php?option=com_community&view=videos&task=video&userid=63&videoid=100&Itemid=0

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